Hay años que retratan de cuerpo entero lo que es una universidad. Este ha sido uno de ellos: en los mismos meses hemos mirado medio siglo hacia atrás y varias décadas hacia adelante.

Miramos hacia atrás cuando distinguimos como doctores honoris causa a Cristián Zegers, Antonio-Carlos Pereira Menaut e Ignacio Arellano. Con estos reconocimientos la Universidad agradece: premia trayectorias intelectuales de toda una vida, dedicadas al periodismo, al derecho y a las letras. Honrar esas vidas es honrar la tradición de la que venimos, ese conocimiento que se acumula con paciencia, de generación en generación, y que nadie construye solo.

Y miramos hacia adelante cuando comenzamos a preparar la planificación estratégica 2027-2031, que se hace cargo de problemas complejos: la tecnología que está cambiando la forma de aprender, de trabajar y de investigar; los cambios demográficos que transforman la sociedad chilena; la pregunta por cómo la universidad propone ideas creativas que ayuden a que la sociedad sea mejor. Y abrimos tres carreras nuevas: Ciencia Política, Sociología y Arquitectura pensando en los profesionales que Chile necesitará en las próximas décadas.

¿Contradicción? Al contrario. Esa es exactamente la naturaleza de una universidad: ser un puente entre el pasado y el futuro. Recibimos un acervo de conocimiento que otros levantaron antes que nosotros; lo cuidamos, lo trabajamos, lo hacemos crecer; y lo proyectamos hacia adelante, para responder preguntas que nuestros maestros no alcanzaron a imaginar.

Un puente se sostiene en sus dos extremos. Si soltamos la tradición, quedamos a la deriva; si dejamos de mirar el futuro, nos convertimos en museo. Nuestra tarea, la de todos los que formamos esta comunidad, es mantener firme ese puente, para que nuestros alumnos lo crucen y lleguen más lejos que nosotros.

Rector Universidad de los Andes