Con capacidad para 300 personas y diseñada por Rosende y Asociados Arquitectos -con la colaboración de Talleres de arte Granda en el interior-, será construida a un costado del Espacio Andino y se proyecta para 2028.
Un volumen circular. Retroiluminado. Construido en materiales nobles y cálidos. Una obra pensada para irradiar luz hacia la vida universitaria y convertirse en un hito visible, cercano y coherente con el espíritu formativo. Así se proyecta la capilla principal del campus de la Universidad de los Andes, cuya construcción se iniciará próximamente, a un costado de Av. Los Castaños, entre el edificio de Ciencias y el Espacio Andino.
“Es un edificio que llama la atención, que invita; un lugar que quieres descubrir”, adelantan los arquitectos de Rosende y Asociados, oficina que, después de un largo proceso, se adjudicó este proyecto, con un doble desafío: diseñar un referente inconfundible que, al mismo tiempo, resultara cercano para los jóvenes. “Con un estilo moderno, pero atemporal”, complementa el vicerrector económico, Alejandro Gutiérrez, quien coordina a los equipos que participan en su ejecución.
“La futura capilla será un lugar de encuentro, de recogimiento y de formación espiritual, especialmente pensado para nuestros estudiantes y para toda la comunidad académica. Aspiramos a que sea un verdadero centro de vida cristiana y un signo elocuente – visible y concreto- de lo que somos como Universidad”, reflexiona el Rector José Antonio Guzmán.
Un faro de luz. Una gota de agua
La armonía entre fe y razón, principio fundamental de la Universidad, inspiró el concepto arquitectónico, que —en palabras de Guillermo Rosende Álvarez— funcionará como una corona que irradiará luz de adentro hacia afuera. “Es como una lámpara, un foco de luz”, ejemplifica su hijo y socio Nicolás, o “una gota que cae y cuyas ondas avanzan por el campus”, complementa su hermano Guillermo Rosende Echavarri.
Estas metáforas confirman la nueva capilla como el punto de origen desde el cual algo se expande hacia el resto de la vida universitaria, como se concibió desde el primer master plan del campus. En ese orden, los Rosende vieron una oportunidad: que la capilla fuera un elemento distintivo. “Su forma es realmente diferente a todos los demás edificios; es un elemento icónico y único”, afirman. Mas no un capricho estético, sino el reflejo arquitectónico de la misión universitaria: formar profesionales con una mirada que no se agota en lo técnico, sino que dialoga con el arte, la cultura y las humanidades. Si el resto del campus habla el lenguaje de la academia, la capilla habla —desde su propia estructura— el lenguaje espiritual, completando la formación integral.

Capacidad: 307 personas
Nave central: 238 personas
Altillo: 69 personas
Superficie: 765 m2
Piso 1: 595 m2
Piso 2: 170 m2
Materialidad que abraza
Con capacidad para 300 personas, la obra se edificará en hormigón pigmentado en tono hueso, sobre el cual se posa un alero que sostiene la estructura de madera y cristal y, en el interior, dos muros forman la circunferencia que envuelve el altar, dejando una apertura justo en ese punto central, evocando un abrazo. “Materiales e iluminación cálidos, paisajismo en el entorno, un lugar que te cobija”, explica Rosende Álvarez, quien también diseñó la infraestructura del ESE, Biblioteca y Espacio Andino.
Desde afuera, un haz de luz natural cae directamente sobre el presbiterio, complementando esa sensación de acogida. “Es una iglesia luminosa, con un fuerte acento en el altar”, señalan. La luz, entonces, no es solo un recurso estético: es la manera en que el edificio conduce la mirada —y la atención— hacia lo esencial. Con el mismo propósito, la implementación litúrgica interior fue encargada a una centenaria firma española, especializada en arte sacro: los Talleres de arte Granda. Ellos serán los responsables del retablo, el sagrario, el altar, el vía crucis y todas las imágenes y figuras, que aún están en proceso de inspiración creativa.

La arquitectura contempla, además, un altillo para el coro, dispuesto como un pequeño anfiteatro sobre el órgano, y cuyo corredor fue pensado también para albergar a quien busque mayor intimidad. Hacia el exterior habrá “un torreón, con campanas, cuyo sonido irradia a todo el campus”. Un hito vertical que marca presencia sin imponerse, pues las campanas se ubicarán más abajo de lo habitual, para que su sonido se proyecte a la comunidad universitaria, pero no a todo el barrio. “La escala es de campus”, afirman los arquitectos.
Un recorrido hacia la intimidad
La capilla no estará sola. Entre ella y el Espacio Andino se integrará un patio dedicado a la Virgen y se construirán dos oficinas para la Pastoral Uandes, con cuatro salas para acoger a los estudiantes que participan en actividades como trabajos o misiones. “Todo se une para la comunidad universitaria: es un proyecto progresivo”, explica Nicolás Rosende sobre este espacio de 235 m2. En ese sentido, el entorno inmediato también está siendo repensado, pues una empresa de paisajismo trabajará los caminos, recorridos y flujos alrededor de las obras, buscando un acento distinto al del resto del campus.
“La construcción de esta capilla universitaria es algo que esperábamos con ansias”, confirma el capellán general, P. Sebastián Urruticoechea, pues si bien el campus cuenta con cinco pequeñas capillas al interior de diferentes edificios, este proyecto no solo ofrecerá mayor capacidad para la Misa diaria, sino que hará más evidente la inspiración cristiana de la Universidad. Particularmente, el concepto de que el trabajo ordinario —como estudiar o rendir una prueba— es camino de santidad. “Voy a la prueba con la materia en la cabeza y paso, encomiendo mi examen y sigo”, ejemplifica Nicolás Rosende.

Esta escena, tan simple y cotidiana, es el corazón del proyecto: un espacio espiritual que, a través de su arquitectura, acompañe el ritmo de la vida universitaria y, particularmente, del modelo formativo de la Universidad de los Andes. “Está pensada en ellos, los alumnos, es la capilla del campus de la Uandes y eso lo hace un proyecto único”. Por lo mismo, su ubicación no es casual. Siguiendo el masterplan, la capilla se emplazará en un espacio central del campus, una explanada de 2500 m2 junto a la avenida principal, que hacia el poniente se integra con los edificios de Ciencias, El Reloj y Central y, hacia el oriente, con el edificio Biblioteca, el Espacio Andino y la escultura Legatum, inspirada en el legado de san Josemaría. De hecho, el anhelo es que pueda estar lista a inicios de 2028, centenario de la fundación del Opus Dei.
Este recorrido hacia la capilla se experimenta en “grados de intimidad”: la plaza exterior funciona como un llamado, abierta y visible desde la avenida. El acceso actúa como pausa, un umbral entre el ritmo acelerado del campus y lo que viene después. Y la nave de la iglesia, que desciende en un plano inclinado hacia el presbiterio y se convierte en el ambiente más recogido. “Buscamos que quien ingrese encuentre un espacio íntimo, para la tranquilidad, la reflexión”, explican sus arquitectos, “es como encontrar tu refugio”.

Arquitectura del saber
La capilla no es el único proyecto actual del campus universitario. Se acaba de ampliar el edificio de Ingeniería y, dentro de un año, finalizarán el edificio Norte y la segunda etapa de la clínica universitaria (ver proyectos). Bajo criterios de sustentabilidad, sus definiciones arquitectónicas privilegian espacios interiores favorables al trato personalizado y al uso de nuevas metodologías de enseñanza e investigación, así como servicios clínicos de vanguardia, junto con exteriores de encuentro, abiertos a la ciudad, que facilitan el diálogo y la vida comunitaria.
“Se trata de construcciones planificadas desde hace tiempo, que estamos enfrentando ahora porque la Universidad apuesta por el potencial del país y necesita seguir desarrollando su infraestructura para cumplir el adecuado desarrollo del proyecto universitario”,
explica el Rector José Antonio Guzmán
La ampliación del edificio de Ingeniería aporta 2.550 m2 de nuevas zonas de estudio, oficinas académicas y salas de clases, tres de ellas inteligentes: espacios que se pueden reconfigurar fácilmente y que cuentan con mesas electrificadas para adaptarse a nuevas formas de aprendizaje colaborativo. Proyectado por la firma Diarq, contribuye a mejorar la calidad del aire mediante la tecnología de su fachada y une la vida universitaria a lo largo de Av. Los Castaños y la zona deportiva.

Este año finalizó la construcción de la segunda etapa del edificio de Ingeniería, que contempla tres etapas en total y un proyecto de paisajismo.


Con una gran azotea panorámica, el edificio Norte se convertirá en el décimo edificio académico y el primero construido en madera, el más alto de Chile hasta el momento.
En sus 17 mil m2, considera cuatro pisos de estacionamientos subterráneos y cuatro pisos sobre el terreno para funciones universitarias, que ofrecen nuevos espacios para estudiantes y académicos, con un sistema modular que posibilita configurar espacios interiores flexibles, según las necesidades de docencia o administración.
Diseñado por Izquierdo Lehmann Arquitectos, fue concebido como espejo del edificio del Reloj, con el cual conforma un patio central para el encuentro de profesores y estudiantes.
La nueva torre de la Clínica Uandes, diseñada por AGE Arquitectos, permitirá reducir tiempos de espera, mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias, fortalecer la oferta de cirugía ambulatoria y cuidados críticos e impulsar la investigación clínica, generando un impacto positivo en la salud y bienestar de la comunidad.


En sus cinco pisos –más dos subterráneos- albergará pabellones ambulatorios, consultas médicas, boxes UTI y UCI, habitaciones para hospitalización y una unidad de ensayos clínicos, para seguir entregando atención de excelencia. Los trabajos culminarán en 2027.



