Más allá de las cifras y la contingencia, académicos en Derecho, Ciencia Política e Historia analizan cómo las recientes olas migratorias han impulsado la productividad, fortalecido la investigación, revitalizado expresiones de fe y abierto nuevas oportunidades para construir una sociedad más integrada y humana.

Édgar Fuentes, profesor de la Facultad de Derecho

Aunque Francia no llegó a la final en el último mundial de fútbol, sí rompió un récord con reveladoras implicaciones geopolíticas: en ese país nacieron 99 de los deportistas seleccionados para el campeonato. Sin embargo, solo 23 eran parte del equipo galo; los otros 76 jugaron por nueve selecciones, desde Argelia y Haití hasta España. En este mundial, además, uno de cada cuatro futbolistas nació en un país distinto del cual representó. “Me gusta ver ese tipo de cifras. Demuestran que la migración no es extraña; la movilidad es casi natural del ser humano en sus esfuerzos por adaptarse”, afirma Édgar Fuentes, profesor de la Facultad de Derecho

“Presentar la migración como si fuera un asunto exclusivamente nuevo ha sido un problema en Chile. Lo complicado es que en estos diez años hubo un aumento muy significativo, sobre todo por una situación específica del contexto venezolano”, indica el doctor en Derecho por la Universidad de Sevilla. A diferencia del fenómeno de Haití, que fue más constante, explica, las oleadas migratorias desde Venezuela son varias, de gran volumen y distintas en su composición humana, en cuanto a recursos, formación y capacidades. 

Debemos ver el potencial de la migración en el desarrollo de una sociedad. Hoy se puede decir, en la práctica, que todos los países tienen una plurinacionalidad. En Chile tenemos sangre de población originaria, de personas españolas, alemanas, italianas… Lo interesante, y que tiene un potencial muy grande, es que cuando Chile piensa en nación no está pensando en si las personas nacieron dentro de su territorio, sino en cómo aportan para que su territorio y su población puedan perdurar”, dice el abogado colombiano. 

Y entrega un ejemplo ilustre: “En la primera persona que pienso es Andrés Bello, venezolano, que termina nacionalizado por gracia por su aporte al Derecho chileno y la construcción del Código Civil. Su impacto es tal que en muchos países tienen la impresión de que él es chileno”. 

“En la primera persona que pienso es Andrés Bello, venezolano, que termina nacionalizado por gracia por su aporte al Derecho chileno y la construcción del Código Civil. Su impacto es tal que en muchos países tienen la impresión de que él es chileno”

Edgar Fuentes, Facultad de Derecho

Entre los fenómenos más positivos que son resultado de las más recientes migraciones, Édgar Fuentes destaca los hospitales: “Hay muchos médicos actualmente que vienen de Venezuela y Colombia, que están aportando en el trabajo en equipo con otras formas de hacer las cosas, algo que favorece también a la investigación científica y –me incluyo– uno trae sus formas de ver cuando trabaja en la universidad. Es algo cultural que permite un intercambio y comparar con experiencias externas. De hecho, mis estudiantes ya están empezando a participar más en eventos internacionales y ponen en el mapa a las personas chilenas”. 

Respecto de la estigmatización del extranjero, el profesor Fuentes es enfático: “El primer artículo de nuestra Constitución dice ‘las personas nacen libres e iguales ante la ley’. No dice ‘los ciudadanos’, no dice ‘los nacionales chilenos’, dice ‘personas’, sin importar su nacionalidad, ciudadanía, condición, raza, sexo… Entonces, un migrante tiene que ser pensado como libre e igual ante la ley y también debe cumplir la ley. Debe ser tratado con dignidad”. 

Francisca Echeverría, investigadora y docente en el Centro Signos

Según Francisca Echeverría, investigadora y docente en el Centro Signos, frente a la estigmatización hay un solo camino: “Asumir que, en circunstancias habituales, lo responsable es abrir las puertas a quienes se pueda recibir en buenas condiciones. Afinar los mecanismos para distinguir la inmigración regular de la irregular y, especialmente, aislar ese porcentaje bajo de personas vinculadas a actividades delictuales que intentan entrar”. Se trata, indica, de “una cuestión de justicia con los habitantes actuales del país y también con los extranjeros que vienen a trabajar y aportar.

En nuestra capacidad de crear las condiciones institucionales y sociales para su adecuada integración nos jugamos una parte relevante de la calidad de la sociedad que somos. Integrarse no es solo tener papeles en regla y acceder a programas municipales; tiene que ver también con la posibilidad de formar parte de redes de relaciones cara a cara, participar en proyectos comunes, y ser reconocidos como iguales y valiosos para lo que aquí construimos juntos”. 

“Nos ayuda recordar que Chile se ha fraguado a partir de la inmigración y el mestizaje, que muchos de nuestros antepasados han venido desde otros lugares. Mirar al inmigrante con desconfianza es olvidar lo que somos”

Francisca Echeverría, Centro Signos Uandes

La doctora en Ciencia Política por la Universidad de Heidelberg invita a reflexionar, pero sin desatender la realidad inmediata: “Nos ayuda recordar que Chile se ha fraguado a partir de la inmigración y el mestizaje, que muchos de nuestros antepasados han venido desde otros lugares. Mirar al inmigrante con desconfianza es olvidar lo que somos. No se trata de minimizar las dificultades que produce la inmigración descontrolada, sobre todo para los sectores populares, ni los desafíos que siempre entraña la integración. Por años ha habido ingenuidad en los discursos dominantes sobre este tema; hay problemas que hemos identificado demasiado tarde y eso nos ha pasado la cuenta”. 

Antes de los fenómenos migratorios desde Haití, Venezuela y Colombia, en los años ’90 se inició un muy relevante flujo migratorio desde Perú. Sus positivos efectos culinarios son por todos conocidos y aplaudidos. 

Ricardo Cubas, director del Doctorado en Historia

Pero también hay efectos en nuestra relación con lo divino. “Toda América Latina tiene un ethos cultural común. Pero los vínculos entre Perú y Chile han sido aún más estrechos y profundos porque hemos tenido una historia común desde la época inca, que la Guerra del Pacífico y el complicado proceso de posguerra no destruyeron”, explica Ricardo Cubas, director del Doctorado en Historia, que nació en Perú y reside en Chile desde 2008. 

Un elemento clave de este ethos cultural, indica, es la fe. “Una de las cosas beneficiosas que ha traído la última migración de Perú a Chile ha sido reforzar el elemento devocional, que se expresa en manifestaciones como la del Señor de los Milagros o Santa Rosa de Lima”, apunta. Esta última representa 350 años de devoción. Santa Rosa de Lima es la primera santa americana que fue canonizada y su estatua ocupa un lugar destacadísimo en la Catedral de Santiago. “Su devoción se celebró en toda América y en Chile tuvo una especial repercusión, con mucha fuerza incluso en la Guerra del Pacífico”, detalla el doctor en Historia por la Universidad de Cambridge. 

“Una de las cosas beneficiosas que ha traído la última migración de Perú a Chile ha sido reforzar el elemento devocional, que se expresa en manifestaciones como la del Señor de los Milagros o Santa Rosa de Lima”

Ricardo Cubas, Instituto de Historia

“Otra cosa que nos une y es más contemporánea es la devoción del Señor de los Milagros. Es originaria de Lima, y uno ve que acá en octubre es multitudinaria en Santiago, además, hay muchos devotos chilenos en la hermandad del Señor de los Milagros de acá”, explica Ricardo Cubas. Y suma una tercera devoción revitalizada: Santo Toribio Mogrovejo

Macarena Cordero, directora del Magíster en Investigación Histórica

Coincide Macarena Cordero, directora del Magíster en Investigación Histórica, quien ha observado una mayor variedad de expresiones de religiosidad popular distintas y la reactivación de algunas que estaban dormidas. “Con el proceso civilizatorio que se da en Chile desde finales del siglo XIX hacia el XX se fueron apagando algunas formas de religiosidad que ahora han reaparecido. Por ejemplo, la fiesta de San Pedro, que había desaparecido por décadas y volvió en Quilimarí”, constata. 

Para la académica del Instituto de Historia, las personas que llegan siempre son un aporte: “Te enriquece culturalmente; en vocabulario, porque va a aumentar tu cantidad de palabras, y qué decir en términos de comida, recordemos el cambio radical que significó la llegada de los peruanos desde los años ’90. La transculturación fue positiva”. 

En lo práctico, eso sí, hay que aprender de la experiencia. Por ejemplo, deben controlarse las vacunas para evitar la aparición de enfermedades erradicadas, como sucedió hace 30 años con la tuberculosis. “Tenemos un sistema sanitario que es bastante desarrollado, y eso no es así en otros países. Pero si se hace un control y falta una vacuna, como Estado lo puedes resolver. No hay que estigmatizar”, indica la abogada y doctora en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

A su juicio, con las migraciones se da un proceso muy positivo en distintos estadios productivos. “Quien llega al país tiene una mirada distinta, dado que ha vivido en contextos distintos, y eso nos beneficia profundamente como sociedad porque nos permite salir un poco de ese ‘provincialismo’ que tenemos y que se debe tanto a que estamos lejos del mundo como a nuestra propia mentalidad de no querer explorar lo desconocido, de no conocer a quien no tiene un vínculo conmigo”, explica. 

En la práctica, se abre una nueva oportunidad para ser más humanos y practicar las virtudes que nos definen, al superar temores arraigados culturalmente. “Hay una posibilidad de empezar a conocer a ese otro que tú lo ves como otro y que no tendría por qué ser otro. Darte cuenta de que es un ser humano, igual que tú, y que enriquece tu manera de dialogar y aproximarte. Eso ayuda a vencer prejuicios, a entender que hay otras realidades y que la gente circula por miles de motivos”, comenta Macarena Cordero. 

“Existe una tradición de casi 500 años, para el mundo hispanoamericano, en términos filosóficos y teológicos que justifican y validan la circulación de las personas”

Macarena Cordero, Instituto de Historia

En el otro extremo está la deshumanización, cuando se estigmatiza. “No porque tú seas irregular eres delincuente. Parece que un porcentaje muy amplio de los extranjeros en Chile está en calidad de irregulares; bueno, hay que realizar la política de regularización de manera ordenada e inteligente, y pidiendo antecedentes, vacunas. El que seas irregular no te convierte en delincuente, esa estigmatización va contra la dignidad del ser humano. Es una discriminación arbitraria”, señala.  

La migración se ha dado siempre. La gente ha circulado de un lugar a otro, ya sea porque hay sequías, demasiadas lluvias o buscando nuevas oportunidades”, confirma. E invita a recordar que en torno a la conquista y la colonización de América por parte de España nació un resorte fundamental para la democracia. “En tiempos de Carlos V se produce una disputa con relación a si es legítimo o no que la corona española tenga soberanía sobre los territorios americanos. Es el único imperio que se lo ha preguntado. Finalmente, la visión que va a predominar es la de Francisco de Vitoria, que es clave porque a partir de él surge el derecho internacional público. Existe una tradición de casi 500 años, para el mundo hispanoamericano, en términos filosóficos y teológicos que justifican y validan la circulación de las personas”, asegura Macarena Cordero.