El equipo interdisciplinario que dirige Maroun Khoury avanza desde distintos frentes. En el ámbito de la lucha contra el cáncer, el equipo ha logrado potenciar notablemente la terapia celular CAR-T, descubrimientos que están abriendo nuevos caminos. Además, ya tienen en fase clínica una prometedora terapia contra la osteoartritis.


Maroun Khoury
, director del Centro IMPACT

Desarrollar terapias avanzadas para enfermedades que hoy no tienen soluciones efectivas es el desafío del Centro IMPACT, liderado por el científico Maroun Khoury. Su equipo interdisciplinario ha logrado potenciar la terapia celular CAR-T mediante una innovadora estrategia que fortalece la capacidad de las células inmunológicas para combatir el cáncer, abriendo nuevas posibilidades para hacer estos tratamientos más eficaces y accesibles. Paralelamente, el centro ya inició los primeros ensayos clínicos de una terapia regenerativa para la osteoartritis, basada en vesículas extracelulares, que busca ofrecer una alternativa donde hoy solo existen tratamientos paliativos. Desde la investigación básica hasta la aplicación clínica, IMPACT está consolidando un modelo de innovación biomédica desarrollado en Chile con la mirada puesta en transformar la ciencia en soluciones concretas para los pacientes.

En IMPACT el norte es ambicioso: desarrollar terapias para enfermedades con impacto en la salud pública, enfocadas en lo que se conoce como unmet clinical need (necesidad clínica no cubierta). “Tenemos que transmitir nuestra convicción, pero sin prometer demás”, aclara Maroun Khoury, director del Centro de Medicina Intervencional de Precisión y Terapia Celular Avanzada (IMPACT). La ciencia tiene sus propios tiempos.
“Quince años atrás, había una o dos o tres terapias avanzadas aprobadas en el mundo. Hoy son 110, y ninguna está disponible en Chile. Ese es nuestro desafío, crear más soluciones y acceso. Queremos transformar la ciencia en terapia, la terapia en impacto en el paciente, y ese impacto, en innovación sostenible”, dice el doctor en Salud y Biología.

IMPACT es un Centro Basal, que obtuvo en 2021 un fondo de la ANID de diez años de financiamiento, con un proceso de renovación a los cinco. En este equipo, ejemplifica Khoury, “nadie es un trofeo. Hay un ingeniero de inteligencia artificial, una ingeniera de resonancia magnética y un clínico. Cada uno aporta algo que complementa todo lo demás”.

“Quince años atrás, había una o dos o tres terapias avanzadas aprobadas en el mundo. Hoy son 110, y ninguna está disponible en Chile. Ese es nuestro desafío, crear más soluciones y acceso. Queremos transformar la ciencia en terapia, la terapia en impacto en el paciente, y ese impacto, en innovación sostenible”

Maroun Khoury, director del Centro IMPACT

Terapias específicas para cada tumor


Francisca Alcayaga
, Investigadora del Centro IMPACT

Varias líneas de trabajo del Centro IMPACT apuntan contra el cáncer, cuya prevalencia está en aumento. En encontrar formas eficientes de destruir los tumores y su enorme capacidad para inhabilitar o sencillamente cansar a los encargados de reconocer y eliminar las células anormales: los linfocitos T y las células natural killer o asesinas naturales

Las terapias convencionales –la quimioterapia y la radioterapia– funcionan en algunas personas y en otras no, porque se aplican a todos por igual, pero las mutaciones son distintas en cada tumor. Frente a eso, en los últimos 20 o 30 años se están desarrollando terapias específicas para cada tumor. Lo explica Francisca Alcayaga Miranda, líder del programa de investigación y desarrollo biomédico de IMPACT. “Entre las terapias celulares que atacan el cáncer, la más conocida, por lejos, es CAR-T. Es una inmunoterapia personalizada con la cual se pueden tratar tres tipos de tumores hemolinfáticos. No es eficaz en todos los pacientes, pero funciona bastante bien y su uso está aprobado en Estados Unidos, parte de Europa y Canadá.

No en Chile, lamentablemente. Acá no hay un marco regulatorio ni una política de salud que promueva el desarrollo de este tipo de terapias”, señala. “Lo que se hace es extraer del paciente los linfocitos T y se les pone un receptor que se llama CAR y que hace que la célula T reconozca mejor a la célula tumoral y la vaya a eliminar”, revela. Y en el Centro IMPACT se está dando un paso más allá, al potenciar las células CAR-T a través de un boost energético para que sean más resistentes y sobrevivan más tiempo. Lo hacen transfiriéndoles mitocondrias desde células madre mesenquimales. Y, en efecto, funciona. Por eso, Scale Ready, prestigiosa empresa estadounidense de manufactura de terapias avanzadas, seleccionó a IMPACT para una beca G-Rex. “Es un apoyo con los reactivos necesarios para tener esta tecnología y significa que vamos a poder llegar un poco más rápido a ese tipo de tratamientos”, afirma Maroun Khoury.

Francisca Alcayaga destaca otras dos líneas de estudio contra el cáncer en marcha en IMPACT. Por un lado, una terapia off-the-shelf, es decir, lista para usar: “Se está trabajando para desarrollar CAR-T de manera alogénica, es decir, a partir de células de un donante. Así no solo respondes más rápido a las necesidades clínicas y del paciente, sino que también puedes abaratar costos de producción y, en consecuencia, ofreces una terapia más accesible”.


El Centro IMPACT está potenciando las células CAR-T para que sean más resistentes.

La otra línea de trabajo se suma a los esfuerzos mundiales actuales por desarrollar una terapia celular que funcione en tumores sólidos –en riñón, hígado, piel, cerebro–, pues tienen una tasa de respuesta muy baja a la terapia convencional. En esa lucha las CAR-T son ineficientes. “Las natural killer solo tienen dos trabajos en su vida: matar células tumorales y matar células infectadas con virus. Acá en la Universidad les estamos dando un boost energético a esas células, a través del trasplante de mitocondria, para que puedan atacar más y no se agoten”, revela Alcayaga. Aclara, además, que “estos son desarrollos preclínicos; estamos a nivel de cultivos celulares y probándolo en modelos animales”. 

Primer paciente mundial

Sin embargo, otro estudio enfocado en la enfermedad osteoarticular más prevalente en la tercera edad en Chile ya está en etapa clínica, en alianza con el spin-off Uandes Cells for Cells. “Se sabe que en el desarrollo de la osteoartritis hay disfunciones metabólicas, a nivel mitocondrial, en el condrocito, que es la célula del cartílago articular. Con el trasplante de la mitocondria, a nivel preclínico se vieron indicios de regeneración articular” cuenta la doctora Alcayaga. “Dentro de IMPACT se desarrolló también una investigación que llegó a la Clínica, que es basada en vesículas extracelulares, las que son aisladas de las células madre mesenquimales y ya están cargadas en su interior con distintas moléculas, ya sea proteínas, lípidos, ácidos nucleicos, que tienen un potencial de regeneración y una función antiinflamatoria”, agrega.


La complementa Khoury: “Fue un estudio 100% chileno; todos los experimentos fueron hechos en el país. Esto significa que hoy el Centro ha cumplido la trayectoria desde la idea hasta el paciente. Estamos haciendo un ensayo clínico muy lindo, con tres grupos que recibirán diferentes dosis. Al terminar sabremos qué es seguro y eficaz, para luego pasar a etapas de 40 pacientes, 60, 120, y tendremos un producto desarrollado por nosotros que responde a una enfermedad que hoy solo se trata paliativamente”.

“Tuvimos al primer paciente mundial inyectado con vesículas extracelulares, que fue una mujer de 56 años con osteoartritis de rodilla, y se le aplicó de manera experimental esta terapia por primera vez en todo el mundo, con muy buenos resultados (…) puede ser una terapia muy prometedora, es segura y puede ser accesible para los pacientes, lo que es muy importante en nuestro país”

Francisca Alcayaga, Investigadora del Centro IMPACT, Facultad de Medicina

Lo publicaron en Journal of Nanobiotechnology en 2025 y fue premiado como uno de los ocho papers con mayor impacto. “Tuvimos al primer paciente mundial inyectado con vesículas extracelulares, que fue una mujer de 56 años con osteoartritis de rodilla, y se le aplicó de manera experimental esta terapia por primera vez en todo el mundo, con muy buenos resultados. Prácticamente no tuvo efectos secundarios, salió caminando y a los seis meses se vio que la enfermedad no había progresado. Aún falta para ver el potencial real, pero puede ser una terapia muy prometedora, es segura y puede ser accesible para los pacientes, lo que es muy importante en nuestro país”, señala Alcayaga. 

“Cuando hacemos investigación en biomedicina en Chile tenemos que buscar soluciones accesibles. No podemos hacer una investigación que termine con un producto que vale un millón de dólares. Eso no nos sirve”, cierra Khoury.