La nueva era de la medicina robótica
Este cirujano que no usa bisturí para operar, se sirve de su cerebro y del latido del corazón para guiar a un robot de alta precisión y entrar hasta los más pequeños recovecos de sus pacientes. Tras años trabajando en procedimientos de vanguardia en Estados Unidos —etapa que vivió junto a su señora y sus tres hijos, antes de volver a instalarse en Chile— dirige desde la Clínica Universidad de los Andes una nueva etapa de la cirugía robótica en Chile.
Médico Cirujano por la Universidad de Chile. Especialidad en Urología por la Universidad de Santiago. Especialista en Cirugía Laparoscópica avanzada y Fellowship en Uro-oncología en Cleveland Clinic (Estados Unidos). Profesor asociado de la escuela de medicina de Case Western University (Estados Unidos). Fuera del quirófano, es un entusiasta de la bicicleta y lector de novelas históricas, aficiones que alterna con la vida en familia junto a su señora, sus tres hijos y sus dos perros.
Las manos del cirujano Rubén Olivares transmiten órdenes a cuatro brazos robóticos que reproducen en tiempo real sus movimientos. Frente a sus ojos un visor estereoscópico lo sumerge en una imagen tridimensional de alta definición del interior del cuerpo del paciente, ampliada hasta diez veces. Con esta visión, el urólogo realiza intervenciones complejas, separa tejidos capa por capa, identifica nervios microscópicos, preserva vasos sanguíneos y realiza suturas de una delicadeza excepcional. Mientras, un equipo permanece junto al paciente supervisando cada etapa, el jefe de Cirugía Robótica de la Clínica Universidad de los Andes dirige el robot que accede con precisión a espacios muy pequeños utilizando instrumentos muy precisos.
El Dr. Olivares lleva años operando con robots. Incluso lo ha hecho a distancia, frente a una consola quirúrgica de la Cleveland Clinic, Ohio, Estados Unidos interviniendo a un paciente que se encontraba en Abu Dhabi, a 11.500 kilómetros. En esa ocasión y como medida de seguridad, un segundo equipo médico se encontraba en el pabellón preparado para asumir el procedimiento en caso de que se interrumpiera la comunicación. La cirugía de próstata duró una hora y 20 minutos y se realizó con la técnica HIFU (ultrasonido focalizado de alta intensidad), que permite tratar únicamente el área afectada del órgano, sin necesidad de extraerlo por completo.
La llegada del Dr. Olivares marca un nuevo paso en el fortalecimiento de la urología de alta complejidad en el país y en la ampliación del acceso a tratamientos de vanguardia, impulsando la transferencia de conocimiento, la formación de equipos clínicos —un sello que hoy refuerza cursando un Magíster en Innovación en Salud en la Universidad de Pensilvania— y la consolidación de una medicina rigurosa, segura y profundamente humana.

Realizó esta intervención observando una pantalla, mientras los movimientos que ejecutaba con el mouse de la consola se replicaban de forma simultánea en los brazos de un robot Da Vinci ubicado en el hospital de Emiratos. El paciente recibió el alta médica el mismo día y el caso, que posteriormente fue publicado en revistas médicas internacionales, quedó registrado como la primera cirugía robótica transoceánica realizada en el mundo. Este hito ejemplifica que la cirugía robótica ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad cada vez más presente en los pabellones quirúrgicos. Gracias a la incorporación de plataformas tecnológicas avanzadas, los especialistas pueden realizar intervenciones con una precisión superior a la de las técnicas tradicionales, beneficiando directamente a los pacientes.
Así lo explica el urólogo y cirujano robótico Rubén Olivares, quien nació en Punta Arenas, pero creció entre Santiago y la Región de Aysén. “En esa época era una vida de ciudad pequeña, muy conectada con la naturaleza y con una sensación de libertad que todavía recuerdo. Siempre cuento que aprendí a andar a caballo antes que a andar en bicicleta”, cuenta el especialista. Sus últimos años los ha vivido en Estados Unidos, país en el que ha desarrollado gran parte de su carrera y donde la cirugía robótica es actualmente el estándar para la mayoría de las intervenciones urológicas.
“La cirugía robótica representa la evolución más reciente de la cirugía mínimamente invasiva. Permite realizar procedimientos complejos a través de pequeñas incisiones, con menos dolor, menos sangrado y una recuperación más rápida para los pacientes”, señala.
De los “palillos chinos” al robot
La cirugía laparoscópica, que se masificó durante los años noventa, significó un enorme avance al reemplazar grandes incisiones por pequeñas entradas para instrumental quirúrgico. Sin embargo, esos instrumentos eran rígidos y tenían limitaciones de movimiento. La cirugía robótica vino a resolver gran parte de esas dificultades. A través de brazos articulados controlados por el cirujano desde una consola, el sistema replica con precisión los movimientos de las manos humanas, incorporando además visión tridimensional y aumentos de alta definición. Según Olivares, esto resulta esencialmente útil en especialidades como la urología, donde los procedimientos se realizan en espacios anatómicos muy reducidos. “Podemos ver estructuras diez veces más grandes y trabajar con instrumentos articulados en zonas donde antes el acceso era extremadamente complejo”, explica. Los beneficios para los pacientes han sido ampliamente observados: menos inflamación, menor riesgo de complicaciones, menos dolor postoperatorio y una recuperación más rápida.
La próxima frontera: una sola incisión
Aunque la cirugía robótica ya es considerada una de las tecnologías más avanzadas disponibles, para Olivares el verdadero salto que viene es la cirugía de puerto único. Actualmente, la mayoría de los procedimientos robóticos requieren cuatro o cinco pequeñas incisiones para introducir la cámara y los instrumentos quirúrgicos. La cirugía de puerto único cambia completamente esa lógica. “Si pensamos en la mínima invasión, el objetivo siempre es reducir al máximo las incisiones. La cirugía de puerto único permite realizar todo el procedimiento a través de una sola entrada”, explica.
La tecnología ya existe. En Estados Unidos fue aprobada en 2019 mediante la plataforma Da Vinci Single Port, capaz de introducir una única cánula que, una vez dentro del cuerpo, despliega sus instrumentos robóticos para realizar la intervención. El resultado es una cirugía con una sola incisión, potencialmente menor trauma quirúrgico y mejores resultados estéticos para los pacientes. “Hay procedimientos donde podemos maximizar la mínima invasión. En lugar de cuatro o cinco incisiones, podríamos operar a través de una sola”, señala.
El Dr. Olivares comenta que, a pesar de las enormes ventajas de la cirugía robótica, solo una fracción de las intervenciones quirúrgicas se realiza actualmente con esta tecnología. La principal barrera sigue siendo el alto costo de los sistemas robóticos y de los instrumentales asociados. Es por esto, que evaluar de forma permanente la incorporación de nuevas tecnologías con soluciones más eficientes y de menor costo podría ampliar el acceso de los pacientes a la cirugía robótica. “En el futuro, no existirá un único robot capaz de responder a todas las necesidades. Al igual que ocurre con otras tecnologías médicas, distintos sistemas robóticos coexistirán y podrán seleccionarse según las características de cada paciente, los requerimientos específicos y la complejidad de cada procedimiento quirúrgico”, finaliza el Dr. Rubén Olivares.

“Si pensamos en la mínima invasión, el objetivo siempre es reducir al máximo las incisiones. La cirugía de puerto único permite realizar todo el procedimiento a través de una sola entrada”
Dr. Rubén Olivares
Programa de Cirugía Robótica de Clínica Universidad de los Andes

El Programa de Cirugía Robótica de Clínica Universidad de los Andes ofrece procedimientos quirúrgicos de alta complejidad con mayor precisión, favoreciendo una recuperación más rápida, menor dolor postoperatorio y una reducción del riesgo de complicaciones.
La cirugía robótica en la Clínica se aplica en diversas especialidades, entre ellas urología, cirugía digestiva, cirugía colorrectal, ginecología y otorrinolaringología. Asimismo, la clínica cuenta con el robot Da Vinci y, además, incorpora otras tecnologías complementarias, como el robot ROSA para cirugía ortopédica de rodilla y sistemas de neuronavegación para procedimientos neuroquirúrgicos, fortaleciendo un ecosistema tecnológico orientado a mejorar la seguridad y los resultados clínicos.
Además de la atención clínica, el programa mantiene un vínculo con la formación médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, incorporando la simulación y el entrenamiento en cirugía robótica como parte del desarrollo académico de futuros especialistas. Es una faceta que el propio Olivares disfruta especialmente: dice sentir que acompañar a residentes y médicos jóvenes es más un privilegio que una obligación. “Todos aprendimos de alguien que estuvo dispuesto a entregarnos su tiempo y experiencia, y siento que después nos corresponde hacer lo mismo con las nuevas generaciones”, concluye. 



