Sebastián Claro Sebastián Claro y Anil Sadarangani Anil Sadarangani reflexionan desde hace un tiempo sobre los cambios que enfrentarán las universidades frente al acelerado avance tecnológico y demográfico. Ambos se detienen en dos conceptos para describir el momento: el vértigo que recorre a
las instituciones y el entusiasmo que despierta el nuevo ciclo que se abre.

Claro es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. En enero de 2026, su exposición en la Jornada de Reflexión Académica PEI 2027-2031 llamó la atención. En un estilo directo, habló sobre la flexibilidad de las carreras y la eficiencia de los programas. Parte de esas reflexiones las desarrolla en este artículo.

Sadarangani es director de Innovación, desde donde busca impulsar cambios en la docencia, la investigación y la transferencia tecnológica hacia la sociedad. Por ello, la incorporación de tecnología en los procesos de enseñanza-aprendizaje es un campo que explora con particular profundidad en estas páginas.

¿Vivimos acaso un momento de inflexión en la enseñanza universitaria?

Anil SadaranganiCreo que las universidades están enfrentando algo bastante más profundo que un simple proceso de adaptación. No se trata solo de incorporar nuevas tecnologías, cambiar algunas metodologías o ajustar los programas. Estamos entrando en una etapa en que probablemente tendremos que repensar varias de las cosas que damos por obvias sobre lo que significa una universidad. Las tres grandes funciones van a seguir existiendo: docencia, investigación y vinculación con el medio. Pero, seguramente van a cambiar mucho en la forma en que se desarrollan.

Sebastián ClaroEn general, no he sentido el vértigo de que estemos subidos en el carro de la innovación desatada, porque las organizaciones y el ser humano, por naturaleza, son más bien reacios al cambio. Pero sí hay que atreverse a ciertas transformaciones, que nunca pueden hacerse a la ligera, porque hay que pensar cómo lee el mercado estos cambios. Y eso no se sabe con certeza. Por eso hay que hacer bien el trabajo, generar buena formación y preparar bien para los cambios que vienen, porque es muy difícil anticipar cuáles son las características “técnicas” que tendrán mayor valor desde un punto de vista profesional. Sin embargo, existen algunas pistas, como la duración y flexibilidad de los programas.

“Vamos a necesitar profesionales con mucho conocimiento, pero sobre todo con criterio: personas capaces de decidir cuando no hay una respuesta obvia. Y junto con el juicio también está el carácter, porque una cosa es saber qué conviene hacer y otra es estar dispuesto a hacer lo correcto cuando eso tiene un costo.”

Anil Sadarangani, Dirección de Innovación

¿Cuáles son las virtudes y precauciones que hay que tener con la IA aplicada a la enseñanza?

Anil SadaranganiMe entusiasma muchísimo lo que la IA puede hacer por la educación. Podemos imaginar un estudiante con un tutor disponible las 24 horas, con acceso prácticamente ilimitado al conocimiento, capaz de aprender a su propio ritmo, practicar, simular situaciones y recibir retroalimentación inmediata. Pero también me preocupa que podamos terminar reemplazando demasiado rápido parte del proceso que nos enseña a pensar: equivocarse, escribir, argumentar, discutir con alguien, volver atrás, cambiar de opinión, hacerse una buena pregunta. Todo eso toma tiempo, a veces es incómodo, pero forma parte del aprendizaje.

Sebastián ClaroLa era hiperconectada hace más evidente el valor de la interacción humana, la habilidad para expresarse y empatizar. Las organizaciones están llenas de técnicos que no pueden liderar equipos porque son verdaderos “nerds” altamente especializados. Hay que educar personas que se hagan preguntas vitales importantes, y no me refiero exclusivamente a temas espirituales, sino a temas como qué me hace feliz en la vida, qué tipo de persona quiero ser en términos profesionales, qué marca quiero dejar en mi organización. Debemos cultivar la curiosidad por saber y descubrir. La Universidad de los Andes es fuerte en humanidades y creo que esa fortaleza es muy importante: sigue siendo muy valiosa y, a la vez, es escasa la capacidad de hacer las preguntas correctas y, con ello, diseñar y elaborar la estrategia de las organizaciones. El por qué y el hacia dónde son preguntas más difíciles de responder por la IA que el cómo.

Sebastián, usted en enero habló de abrir el debate sobre la flexibilidad de las mallas.

Sebastián Claro¿Acaso son adecuadas las carreras que tenemos? No. Son rígidas, con programas estáticos, a diferencia de lo que ocurre en el mundo. También debemos buscar mayor diferenciación con otras universidades nacionales, porque es difícil jugar en la cancha de los grandes, y nuestra oportunidad está en poder ser más flexibles, ser agresivos en ello. Por ejemplo, apostar por tres entradas a la universidad: un college de Ciencias Sociales, uno de Ciencias Naturales y uno de Ingeniería y Economía, para luego diferenciarse en carreras después de un par de años. Por razones económicas y de ciclo de vida, el acompañamiento durante toda la vida debería pasar a ser una parte más importante de la orientación de las universidades, porque los desafíos en el mercado laboral son grandes y las personas quedan relativamente obsoletas rápido respecto de los conocimientos. La Universidad debe hacerse cargo de esa preocupación y moverse hacia programas más cortos y flexibles. Veo una creciente pregunta entre los jóvenes sobre si vale la pena o no estudiar, porque el conocimiento está más al alcance: se eleva el costo de oportunidad del título universitario y no siempre visualizan el valor agregado. Los jóvenes quieren trabajar, entonces acortar la carrera y acercarlos al mundo del trabajo pueden ser formas de adaptarse.

¿Cuál es su visión, Anil?

Anil SadaranganiVamos a tener que repensar la organización de las carreras. El modelo en que una persona entra a la universidad a los 18 años estudia cinco años y luego se va para siempre, probablemente irá quedando atrás. Vamos a necesitar una relación mucho más permanente con la universidad: personas que vuelvan a los 30, a los 40, a los 50 o a los 70 años, no solo porque necesiten aprender una nueva herramienta o actualizarse profesionalmente, sino porque el aprendizaje nos acompañará durante toda la vida.

Chile envejece rápidamente ¿cómo abordar esta situación?

Sebastián ClaroLas universidades en Chile están súper enfocadas en los primeros años, entre los 18 y los 23. Después hay programas de posgrado, pero, al final del día, normalmente nadie mayor de 28 años está en la universidad. Y aunque el debate sobre la edad de jubilación es casi intocable, en la práctica la gente va a tener que trabajar más tiempo, porque hoy se vive incluso hasta los 100 años. Los temas de demografía son un asunto enorme. Moverse hacia programas más cortos y flexibles es una manera de adaptarse a esta realidad, y la Universidad de los Andes es suficientemente joven para poder dar esos pasos.

Anil SadaranganiSi Chile va a tener menos jóvenes, no podemos pensar el futuro de la universidad solamente como una competencia por captar estudiantes de 18 años. Tenemos que ampliar la idea de quién puede ser un estudiante. La universidad del futuro probablemente tendrá alumnos de muchas edades y en distintas etapas de su vida.

Los temas de demografía son un asunto enorme. Moverse hacia programas más cortos y flexibles es una manera de adaptarse a esta realidad, y la Universidad de los Andes es suficientemente joven para poder dar esos pasos.

Sebastián Claro, Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

¿Cuál es el rol del profesor hoy?

Anil SadaranganiEn docencia, cada vez va a tener menos sentido pensar que el principal rol de la universidad es transmitir conocimiento, porque este está disponible en todas partes. El foco tendrá que estar en qué hacemos con ese conocimiento: cómo pensamos, cómo analizamos, cómo tomamos decisiones, cómo resolvemos problemas y cómo somos capaces de trabajar con otros. En diez años más, por ejemplo, imagino que el rol del profesor será bastante distinto: su valor va a estar mucho más en ayudar a interpretar, ordenar, cuestionar y dar sentido.

Sebastián ClaroYo creo que la gran palabra es motivar, pero no en el sentido de arengar —como el entrenador de fútbol del colegio—, sino en la capacidad de abrirle los ojos al alumno frente a lo que está pasando en el mundo y mostrarle que, con las herramientas del curso, puede entenderlo, desde lo que sucede en Google hasta las decisiones del Banco Central. Debemos abrirles el apetito y decirles: “miren, lo que vamos a ver nos va a ayudar a entender esto, pero no aquello. ¿Por qué? Por tales y tales razones. Entonces, tendremos que ver también lo otro”. En mi experiencia, eso siempre resulta motivante y entretenido. Cuando un alumno me dice “profesor, me carga este ramo”, en realidad es porque no lo entiende. Pero eso exige que los profesores estemos muy actualizados.

Anil SadaranganiAnte el avance de la IA, un profesor tiene que ser capaz de preguntar: ¿estás seguro? ¿Qué evidencia tienes? ¿Qué estás dejando fuera? ¿Qué consecuencias tiene esta decisión? Vamos a necesitar profesionales con mucho conocimiento, por supuesto, pero sobre todo con criterio: personas capaces de decidir cuando no hay una respuesta obvia. Y junto con el juicio también está el carácter, porque una cosa es saber qué conviene hacer y otra es estar dispuesto a hacer lo correcto cuando eso tiene un costo.

Sebastián ClaroPor eso, al contratar a un profesor, es importante ser capaz de identificar su hambre por influir, reconocer su interés genuino por las cosas de este mundo. Su vida académica tendrá un ciclo que parte con investigación dura, para luego avanzar hacia la necesidad de difundir. A los investigadores hay que exigirles menos vinculación con el medio en un comienzo, pero asegurarse que tendrán espacio e interés en hacerlo en una segunda etapa. Pero ello requiere elegir profesores que tengan esas ganas de influir. Hay que trabajar esa transición, que debe valorar por igual la buena docencia, la investigación de calidad y su difusión.