Rector José Antonio Guzmán
“Una de las cosas más notables que me han pasado en estos meses ha sido recibir tanto cariño de la gente”

En esta entrevista, el Rector de la Universidad de los Andes agradece el cariño recibido durante su hospitalización, habla de su recuperación y de los momentos por los que ha atravesado este último año, con una mirada de optimismo y buen humor.

Hace nueve meses, el Rector José Antonio Guzmán, partió a la clínica universitaria para someterse a una pequeña intervención. Y lo que parecía pasajero, se convirtió en una pancreatitis aguda. Hoy, más recuperado y con buen ánimo, repasa en esta entrevista cómo ha vivido el proceso. Cuenta que durante este tiempo ha seguido de cerca los acontecimientos que vive el país, ha pensado en la Universidad y, sobre todo, ha sentido el cariño de la gente. Aunque ha perdido algunos kilos, su humor y optimismo siguen intactos. Le quita peso a lo vivido, y su objetivo inmediato es devolver ese cariño que, asegura emocionado, le ayudó a recuperarse en los momentos más duros.

Rector, ¿cómo se siente?
Bien, mejorando día a día, tratando de comer lo más posible, en tarea de engorde (ríe). Me siento más fuerte. He andado bastante bien. 

Durante estos meses, la comunidad universitaria ha seguido las noticias sobre su salud y recuperación. ¿Ha sentido esta cercanía? 
Mucho. Una de las cosas más notables que me han pasado en estos meses ha sido recibir tanto cariño, que se ha manifestado de mil formas. Muchos me han escrito, he recibido visitas incontables de personas de la Universidad. Oí con mucha frecuencia que rezaban por mí, muy pendientes y con mucho cariño, cantidad de cartas, regalos, algo realmente emocionante. Noté a la Universidad muy presente y me conmovió, porque no esperaba algo así. El cariño se veía y se ve por todas partes. 

¿Qué les diría a estas personas?
Les diría explícitamente: gracias. Porque para mí ha sido una gran ayuda. Estas enfermedades largas pueden traer consigo desánimos importantes, y a mí no me ha pasado; yo he estado, gracias a Dios, muy animado y creo que en gran parte se explica por el cariño de amigos, familiares y colegas. Mi responsabilidad era entonces estar a la altura, no dejarme caer, y sentir esto ha sido muy importante para mí.

Una comunidad universitaria unida por el afecto… 
Sí, y creo que esto me plantea un desafío para el futuro. Si la gente me mostró así su aprecio, tengo que ser capaz de ser también muy cariñoso con ellos, algo que evidentemente tengo dentro, pero que tal vez no me sale natural expresarlo.

Independientemente de lo que pueda haber de personal, muestra un rasgo muy bonito de la Universidad, que muchas veces lo hemos mencionado, y que en este tiempo se ha visto que va más allá de las palabras. Es algo concreto, somos una comunidad que se quiere, que trabaja unida, y eso es una fortaleza muy grande que hay que cuidar en el tiempo.  

Han sido meses duros…
Lo pasé mal, una pancreatitis aguda es una enfermedad de muchos altibajos. Los médicos van buscando, en cierto sentido a tientas, lo que está fallando, el porqué de la fiebre. Muchos exámenes, intervenciones pequeñas y cierta incertidumbre de lo que vendría por delante. Como dije, estas dificultades se han mitigado mucho por la cercanía de todos.

¿Cómo ha vivido su familia este tiempo?
Tengo a mis padres y dos hermanos, un hombre y una mujer, una multitud de sobrinos y muchos amigos del Opus Dei, a los que siento como mi familia. Noté muy cerca su dolor, su preocupación y sobre todo su compañía. Estuvieron siempre ahí. Por ejemplo, en algún momento en que me sentí un poco más angustiado por la recuperación de una operación u otra cosa, le pedí a mi hermano, más de una vez, que se quedara a alojar conmigo, y lo hacía con todo cariño. Lo mismo el resto de la familia. A los chilenos nos cuesta mucho mostrar el corazón, pero en circunstancias como esta se nota de una forma muy clara que lo tenemos. 

“Somos una comunidad que se quiere, que trabaja unida, y eso es una fortaleza muy grande que hay que cuidar en el tiempo”.

Y ¿cómo se veía la vida desde una habitación en la Clínica?
(Ríe). Bueno, de partida uno aprende a relativizar las cosas que antes le parecían importantes. Cuando está en juego la vida, todo adquiere una dimensión distinta. 

En cierto modo ¿se siente la vulnerabilidad del ser humano?
En esta situación, uno ve las dificultades con una perspectiva distinta; hay que tomárselas muy en serio, pero al mismo tiempo, tener en cuenta nuestra pequeñez y nuestro alcance limitado. No se pueden solucionar todos los problemas. Hay que tratar de resolver los que están a nuestro alcance. Es una constatación de humildad, que es buena para enfrentar momentos difíciles y, al mismo tiempo, para confiar mucho en los demás. En estos meses, el equipo de la Universidad en todos los niveles se ha portado fantástico, han estado muy bien en todas sus tareas y eso da mucha tranquilidad. 

Ha tenido mucho tiempo también para pensar…
Sí, desde la Clínica pensaba, por ejemplo, en lo fantástico que es nuestro proyecto. La cantidad de gente haciendo cosas distintas en ciencias, humanidades, derecho, filosofía, economía, investigación, docencia, postgrado, pregrado y en la Clínica. Es una maravilla todo lo que se ha hecho en estos 33 años, y es algo para dar muchas gracias a Dios y para estar orgullosos también. Nuestro proyecto tiene como objeto contribuir a la búsqueda de la verdad y a la tarea de evangelización de la Iglesia, y cuenta palpablemente con la ayuda de Dios. Da alegría ver la solidez con la que va avanzando.

¿Qué piensa de la Clínica UANDES después de haber vivido en ella?
La verdad es que viví siete meses en la Clínica. Me di cuenta de que ha pasado tal como en la Universidad. Se ha ido formando en el mismo espíritu de unidad, de sentido de tarea común. La Clínica tiene el mérito de que en un tiempo relativamente corto se armó un equipo muy afiatado y unido que, entre otras cosas, se manifiesta muy fuerte en el buen trato, más aún, cariño hacia el paciente.

¿De qué forma?
Lo he visto en los médicos, enfermeras, el personal de limpieza; todo el mundo muy empeñado en hacerme la vida más fácil. No se trata solo de buenas maneras, sino que de verdad estaban cerca, tratando de aliviar los momentos de mayor dolor o molestia, y con mucha competencia médica. Doctores de distintas especialidades, que cuando el asunto estaba más complicado trabajaron juntos, con muchas reuniones, consultaban a médicos de otras clínicas. Se nota la capacidad de trabajo en equipo para salvar la vida del paciente. 

Un buen ambiente para desarrollar una carrera profesional. 
La Clínica ha ido creciendo en la evaluación del público, de los pacientes y de los médicos que han ido llegando a lo largo de los años. La ven como un lugar donde se puede trabajar a gusto, donde serán tratados con confianza y lealtad. Contamos con equipos muy comprometidos.

Momentos límite

¿De dónde se sacan las fuerzas cuando llegan momentos límite en los que poco depende de uno lo que sigue? 
La verdad que la respuesta no la sé. Gracias a Dios, tengo una fe grande y en todo este tiempo la seguridad de tener a Dios cerca, siempre, hasta en los momentos más duros, me daba mucha serenidad. Aquí no pasa nada, pensaba, en la peor de las hipótesis me muero, y después viene algo mucho mejor. Esa fe, que no es ningún mérito mío sino un regalo, me mantuvo fuerte. Claro que hay momentos de desánimo y cansancio, pero sumando y restando, en todos estos meses, me quedo claramente con lo bueno.

¿Ha seguido durante este tiempo los acontecimientos de Chile?
Sí. Lamentablemente no pude votar para la elección presidencial, porque la enfermedad comenzó en noviembre, pero en estos meses he seguido la discusión constitucional y política, que ha sido muy compleja. Posiciones muy encontradas, visiones muy distintas de cómo tiene que ser el país, por lo menos en términos retóricos; no sé si en la práctica. Se palpa una odiosidad que es muy preocupante, y de la que tenemos que ser capaces de salir, porque es una trampa que no conduce a nada. 

¿Cómo ha visto en este ámbito a la Universidad?
Me alegra mucho el esfuerzo que han hecho numerosos profesores para estar muy presentes. Han invertido muchas horas para contribuir a iluminar el debate público con altura universitaria, no partidista, y han hecho una contribución importante a través de los medios de comunicación.

¿Cómo se siente hoy? 
Cada vez mejor, con muchas ganas, y feliz de reencontrarme con la gente.

“Uno para todos y todos para uno”

A raíz del estado de salud del Rector, la comunidad universitaria se hizo presente con oraciones y gestos especiales de cariño, como en la fecha de su cumpleaños, cuando los asistentes al claustro académico le hicieron llegar una foto y una tarjeta especial.

Por su parte, el gobierno colegiado de la Universidad evidenció más que nunca sus valores de unidad y espíritu de servicio, para asegurar la continuidad en las tomas de decisión. En cumplimiento de su misión, la Junta Directiva, presidida por Carmen Luz Valenzuela, actuó ágilmente para confirmar el nombramiento de un rector subrogante, de acuerdo con los estatutos universitarios. Esta responsabilidad recayó en la vicerrectora de Comunicaciones, Cristina Errázuriz Tortorelli

Comprometidos con el desafío, los miembros del Consejo de Rectoría se adaptaron para dar continuidad a la gestión institucional, en un año marcado por el regreso completo a la presencialidad, el inicio de la Planificación Estratégica 2022-2026 y el cierre de un nuevo proceso de Acreditación Institucional, siempre enfocados en la docencia, la investigación y las necesidades del país.

Por: Marta Castillo