Las razones de la escalada
de la violencia

Tres académicos analizan el panorama tras el retorno a la presencialidad, después de dos años de encierro. Hablan de un deterioro de la salud mental y falta de campañas de desarrollo de habilidades sociales, lo que produce una crisis a nivel país y, en particular, en la convivencia escolar.

Desde marzo, con el inicio de las clases presenciales, el país ha enfrentado situaciones complejas: buses quemados y liceos de larga tradición republicana que han debido suspender sus clases presenciales, no por temor a los contagios, sino por actos de violencia que han dificultado la convivencia al interior de los establecimientos.

El psiquiatra Jorge Gaete, director del Centro de Investigación en Salud Mental Estudiantil -ISME- de la Facultad de Educación, señala que al analizar la violencia que se vive día a día en algunos colegios, hay que buscar múltiples causas, entre otras, un deterioro en la salud mental. “Varios indicadores muestran que desde hace 10 años los índices de ansiedad y depresión han ido aumentando en la población adolescente. Hay estudios que revelan que con el Covid-19 estos índices se duplicaron. ¡Eso es dramático!”.

El Dr. Gaete, autor de la reciente investigación “Salud mental y factores relacionados entre estudiantes universitarios durante la pandemia de SARS- CoV-2: un estudio transversal” (acepta- do en Frontiers in Psychiatry), añade que la llegada de esta emergencia sanitaria también generó un fuerte retroceso a nivel de aprendizaje y de desarrollo social, porque por cerca de dos años los estudiantes se vieron obligados a interactuar de manera casi exclusiva con adultos.

“Mi gran preocupación es que no se estén desarrollando habilidades sociales.”

Jorge Gaete, director del Centro ISME

“Nosotros en septiembre y octubre de 2021 dijimos a varios colegios que por favor desarrollen programas de habilidades sociales rápidamente porque, cuando se produzca el retorno a la presencialidad, se verán enfrentados a una problemática mayor. Lo advertimos. Todavía hay espacios que no han hecho nada”, afirma el académico.

También lamenta que algunos establecimientos optaron por reducir sus jornadas escolares. “Eso no me parece: ya que no pueden estar juntos, que estén poco tiempo juntos. Mi gran preocupación es que no se estén desarrollando habilidades sociales”, concluye.

UNA TORMENTA PERFECTA

Manuel Rengifo, Jorge Gaete y Cristián Rodríguez.

Manuel Rengifo, profesor de la Escuela de Psicología, complementa que en Chile se dio como “una tormenta perfecta”. Primero el estallido social e, inmediatamente después, “con todo lo traumático que significó, nos metimos en una pandemia”. Junto con ello, el Ph.D. en Psicología Científica, cuyos proyectos han explorado las contribuciones de los factores de personalidad y emociones basadas en la comparación social como potenciales antecedentes de la desconexión moral, consigna una debilitación de las instituciones que regulan el devenir social y político de una sociedad y que, después del 18 de octubre de 2019, como efecto de ciertas campañas políticas, “se empezó a dar también una suerte de justificación moral del uso de la violencia frente a cualquier acto que fuera visto como injusto”.

“El consumo de redes sociales aumentó muchísimo y sabemos cuáles son los impactos de esos contenidos”

Manuel Rengifo, Académico de la Escuela de Psicología

“Uno puede advertir cómo algunos estudiantes secundarios han llevado sus protestas a una escalada muy poco regulada y con grados de violencia a los que no estábamos acostumbrados”, apunta. El profesor, además, considera que no hubo una campaña a nivel nacional para preparar a los alumnos a la presencialidad y que las conductas agresivas también tienen un componente aprendido. “Eso se llama aprendizaje vicario y, si uno observa el aumento en pandemia de denuncias por violencia intrafamiliar, estamos ante una realidad que los mismos niños y adolescentes experimentaron”, aclara.

Cristián Rodríguez, también académico de la Escuela de Psicología, se suma al análisis y explica que la pandemia contribuyó a que “todos estemos más ‘cortos de genio’, con menos capacidad de autorregulación, con cansancio más fácil. Eso se ve en los lugares de trabajo y en los colegios, y a eso hay que sumarle una dimensión sociopolítica”, señala el Ph.D. en Psicología Científica, especializado en Psicología Social y de la Personalidad.

“La pandemia contribuyó a que todos estemos más ‘cortos de genio’, con menos capacidad de autorregulación, con cansancio más fácil.”

Cristián Rodríguez, académico de la Escuela de Psicología

Con respecto a la violencia escolar, el especialista afirma que estamos ante un fenómeno que funciona por desinhibición y “se ve hasta cierto punto tolerable. O sea, los que han hecho acciones violentas en el pasado, no han resultado particularmente dañados o perjudicados y eso desinhibe, es decir, facilita seguir actuando en esa línea”.

Cristián Rodríguez concluye que durante dos años la población estuvo sometida al estrés del encierro, “pero también a la incertidumbre, a no saber si el próximo mes podíamos circular o no, o si la pandemia podría terminar con la vida de un familiar. Todos estos estresores van agotando la capacidad de autorregulación y esto trae consecuencias a nivel colectivo”.

Por: Maureen Lennon