Argumentos para la VIDA

En búsqueda de razones para la vida, llegamos a Masami Yamamoto, ginecólogo de Clínica Universidad de los Andes, que opera a pacientes que todavía no nacen; a Alejandro Vigo, filósofo UANDES que profundiza en el sentido de la condición humana, y a Ximena Farfán, enfermera de la Universidad, que forma alumnos en cuidados paliativos.

Alejandro Vigo

Es una autoridad de prestigio internacional en el ámbito de la filosofía. Ha sido profesor en las universidades de Buenos Aires (Argentina), de los Andes (Chile), Católica de Chile y, por más de una década, en la Universidad de Navarra (España). En marzo de 2021 se reincorporó como profesor investigador de la Universidad de los Andes (ver más).

Para el Ph.D. en Filosofía, quien cuenta con numerosas publicaciones científicas sobre filosofía antigua (Platón y Aristóteles) y teoría de la acción y de la racionalidad práctica, entre otros temas de investigación, es el conocimiento el que da las mejores razones para apuntalar la idea de que la vida es un continuo sin saltos discretos y que tiene un momento que es el inicio de la vida, y otro que es la muerte.

¿Cuándo podemos situar el comienzo de la vida?
La ciencia sitúa el inicio de la vida en la concepción, vale decir, en el punto de ini- cio de la fase más temprana del desarrollo embrionario. En el medioevo tardío, con la teoría de la animación retardada, se solía creer que lo relevante ocurría después. Pero hoy el desarrollo de la embriología nos ha llevado a definir el comienzo de la vida en términos de fusión de gametos y carga genética, conceptos que ni Aristóteles ni los teólogos de entonces tenían.

La protección de la vida viene de antiguo…
La discusión sobre el aborto en los términos que está planteada hoy tiene muchos antecedentes, sin duda. Su prohibición está mencionada ya en el juramento hipocrático.

¿Qué es lo que complica el debate?
Argumentar en el actual contexto polarizado se ha convertido en un juego de suma cero. Nadie cambia de posición, aunque las razones del otro sean muy buenas, porque eso significa su derrota en un diálogo confrontativo, que no busca el mutuo entendimiento, sino la victoria.

¿Cuál es el contexto?
Estamos en una época de reformulación de los consensos básicos, lo que podíamos dar por supuesto hace unas décadas atrás, hoy no aplica.

Y ¿cuáles son los argumentos del debate?
Se ha instalado el argumento de que no hay razones para atribuir derechos al embrión. Según esto, aquí no se trataría del más débil: el embrión no cali- fica como alguien, es una cosa, un algo. Entonces, en la medida en que sea un algo y no un alguien, al eliminarlo no se violan derechos.

¿Y el argumento para la defensa de la vida?
Basta rescatar la dignidad humana: no se puede tratar a las personas como meros medios, hay que respetar su carácter de fines en sí mismos. Por lo tanto, no se puede hacer cualquier cosa con ellas, ni siquiera en la fase más temprana de su desarrollo.

¿Juega la fe un papel en este debate?
Partir de la fe religiosa es equivocado. Defender la vida es un precepto moral básico conocible por la razón natural, sin necesidad de la revelación. Nadie dice que el homicidio está mal porque lo dice la fe. La prohibición del homicidio está fundada en razones que no apelan a datos revelados.

¿Qué posibilidad hay de llegar a la verdad?
Por mucho que los mensajes tengan apabullada a la gente, la conciencia de las personas es inextinguible. Muchos temen decir lo que piensan, pero hablar es liberador, como es liberadora la verdad. La conciencia crítica permite argumentar y pedir que se cambien nuevamente leyes ya sancionadas, si son injustas. Recuerde que en cierto momento era legal tener esclavos.

¿Cómo hacerlo?
Conversando, volviendo a apelar a la conciencia de las personas, recordando que, aunque nos quieran convencer, hay algo que hace ruido aquí, algo que delata que esto no está bien. Tenemos que preguntarnos si en sociedades que tienen una creciente sensibilidad frente a todas las formas de crueldad, no hay un gran problema de consistencia con esto, y si acaso dentro de 20 o 50 años no nos vamos a arrepentir de lo que hoy nos parece casi normal.

¿Qué queda por hacer?
Volver a reflexionar sin agredir y sin miedo a ser tachados de nada. En la historia hay momentos donde se ilumina fuertemente la conciencia sobre determinados asuntos, y otros en los que queda oscurecida. En el marco de la historia, a cada uno le toca su papel. A los que estamos convencidos de que lo que hoy ocurre no puede ser, nos toca el papel de insistir sobre la necesidad de volver a avivar la conciencia.

¿El debate nunca estará cerrado?
Estos son debates de ida y vuelta, hay momentos en que parece que una posición tiene el monopolio de la corrección y en determinado momento ese consenso se resquebraja y las cosas se redefinen. Hay buenas razones para defender lo que es justo aún en el peor y más hostil de los contextos. Bueno, nuestra tarea ahora es argumentar en minoría.

Masami Yamamoto

Ginecólogo especializado en medicina materno fetal y profesor titular de la Universidad de los Andes, trabaja corrigiendo enfermedades graves de pacientes que todavía no nacen, realiza cirugías endoscópicas en el vientre de la madre, con la precisión del que recompone la vida en su momento más frágil. Es parte del equipo médico de la Clínica, y referente junto a los doctores Horacio Figueroa, Felipe Moyano de embarazos de alto riesgo y cirugías fetales en Chile (ver más).

Al doctor Yamamoto, le basta un pequeño tubo de 3 mm de diámetro para atravesar el abdomen materno, el útero y llegar al feto. El ultrasonido es su gran aliado, “para la cirugía fetal, tener un acceso seguro es fundamental porque es decisivo saber la parte del abdomen materno desde donde ingresar”.

Hasta él llegan madres con embarazos de riesgo, algunas con problemas en sus placentas, o con niños que, de no intervenirlos a tiempo, vivirán con espina bífida, insuficiencia en sus pulmones o no seguirán viviendo. Pasa los días estudiando, investigando, concentrando esfuerzos, que traspasa a sus alumnos para dar con soluciones reales a enfermedades fetales como el síndrome de transfusión feto fetal en gemelos.

“Para la cirugía fetal, tener un acceso seguro al feto es fundamental. Esto se ha desarrollado con los años y hoy es la llave de esta puerta al niño por nacer”,

Masami Yamamoto, ginecólogo especialista en medicina materno fetal y profesor de la Facultad de Medicina

¿Cómo se ve la vida desde la sala de operaciones?
Veo en la vida de cada feto y niño una posible realización personal. Se puede entender desde el punto de vista biológico, pero a estas alturas de mi profesión, la vida es todo lo que cada persona puede experimentar y gozar en años: su memoria, sus sentimientos, su dolor, sus alegrías y logros. Cada vida es un posible futbolista, artista, profesor. A diferencia de cuando se trata a una persona adulta, el feto no puede res- ponder verbalmente, sin embargo, vive, y tendrá todas las posibilidades.

¿Qué sentido tiene este trabajo?
En nuestro equipo, nos da mucha alegría saber que la vida de estos niños puede salvarse, o mejorar. Los padres llegan muy desesperanzados y solicitan los tratamientos porque quieren que sus hijos vivan, eso nos motiva aún más. Es un trabajo que produce una gran satisfacción humana.

¿Cómo explicaría los esfuerzos por salvar vidas en un estado tan inicial?
Lo vemos como la posibilidad de que puedan llegar a nacer, y vivir con menos complicaciones.

¿En la operación dentro del útero cómo es la relación del doctor con el feto?
Las cirugías son después de las 16 semanas, por lo que podemos tocar al feto a través de los endoscopios. Los empujamos y podemos intervenir en la placenta o en ellos mismos.

¿Cómo entra al útero? ¿Cuál es la técnica?
Existen dos. La técnica abierta y la endoscópica, que es el ingreso de instrumentos delgados hasta el útero, para realizar los procedimientos, y es la preferida por nosotros y por la mayoría de los centros del mundo. Permite no tener que sacar el feto, y se evita la incisión en el útero.

La ciencia avanza para auxiliar a las personas en sus fases más tempranas.
El campo de las enfermedades fetales, es de- cir, los niños por nacer, es un área que está en continuo desarrollo. La ecografía, endoscopía y biología molecular han sido fundamentales en este avance. Hoy hay tres patologías en las que se ha confirmado la necesidad de una intervención prenatal -síndrome de transfusión feto fetal, espina bífida y hernia diafragmatica congénita-, aunque sabemos que son muchas más y que se tienen que ir ampliando las opciones de que los niños puedan vivir.

Ximena Farfán

Académica e investigadora de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, magíster en Cuidados Paliativos y directora del Diplomado en Cuidados Paliativos del Adulto y el Adulto Mayor, durante una década ha formado a sus estudiantes en el cuidado del enfermo, en el acompañamiento en la muerte y en cuidados paliativos.

Ximena Farfán preside el Comité Ético Científico de la Universidad de los Andes y colaboró en el libro “Eutanasia y suicidio asistido“, editado por el profesor UANDES Juan Eduardo Carreño.

¿Cómo es el proceso de dejar la vida?
Morirse es parte de la vida, y como dice el Dr. E. Benito, siempre sale bien. He visto morir gente con miedo, pero también de manera tranquila, en paz. Creo que en la medida en que uno construye su vida, al acercarse al final, también asume la muerte, y de alguna forma, se muere como se ha vivido. Por eso, durante el proceso de la muerte nos enfrentamos a la biografía de nuestra vida.

¿Cómo es el acompañamiento?
Incluye el cuidado desde lo físico, aliviar los síntomas que se presentan en las etapas finales de la enfermedad. Siempre con respeto al paciente, a su dignidad humana, a su individualidad y a su propia espiritualidad. Como docentes del área de la salud, debemos esforzarnos por formar a nuestros alumnos para ver en el que sufre al ser humano que requiere mi cuidado. Que sienta que no es menos porque está enfermo, porque es frágil o se está muriendo. Que no es un mueble que se le da vuelta, sino una persona igual en dignidad.

La vida es recorrer un camino…
Si, la vida tiene un camino, tiene un principio y un fin, que para unos puede durar horas y para otros 90 años. Ese camino tenemos que recorrer- lo, no somos dueños de nuestra propia vida. A pesar de que la corriente actual impulsa la eutanasia y el suicidio asistido, donde lo que prima es la autonomía, creo que el valor fundamental es la dignidad del ser humano, que está sobre la autonomía y sobre la propia libertad, porque en la medida en que somos y nos sentimos dignos, somos realmente autónomos y libres.

¿Cuáles serían las verdaderas razones para la vida?
Las personas que defienden la eutanasia y el suicidio asistido se cierran a la posibilidad de que el ser humano, si es acompañado en su proceso de muerte, va a salir bien, no se quiere morir. A todos nos gusta la vida a pesar de las dificultades. Cuando llegue el final, vamos a querer vivirlo bien, rodeados de cariño, de familia, de cuidados, con alguien que me tome la mano, porque a pesar de la fragilidad y vulnerabilidad, sigo siendo persona. Necesitamos sentir que se acaba y se cierra un ciclo, no que yo le pongo un corte porque soy una carga para los demás y he perdido el valor como ser humano.

¿Cuándo alguien deja de querer vivir?
Cuando se siente desesperada, tanto por el mal control de síntomas como por el miedo al dolor, y cree que no se sirve, que molesta por su fragilidad, hay un sufrimiento profundo. Por eso, si uno acompaña, cuida y logra ofrecer una mejor calidad de vida en el proceso de la enfermedad, la mayoría de los pacientes no quiere morirse.

¿Qué se respira en una habitación terminal?
Una atmósfera de silencio, de recogimiento, de mucho respeto, de oración si se es creyente. Los seres humanos entran en un estado de mayor fragilidad, se empiezan a alejar lentamente del mundo de los vivos, pareciera que saben que se van a morir. En cuidados paliativos se acompaña a la persona, se le habla al oído, se le da un poquito de agua, se le cuida. La muerte se va instalando antes, por esto se va preparando al paciente y su familia para ese último momento.

Por: Marta Castillo